Estos días en Israel están llegando a su fin. Todos estos días me han dado una mezcla de emociones absoluta; hay tanto que ver; tanta belleza, tanto que admirar y aprender, y también tanta ira, tanto odio. Es duro. Sabía que los judíos han sido y siguen siendo perseguidos y que han sufrido muchísimo pero no sabía nada de la violencia que ellos también son capaces de causar. Ayer de mañana la noticia nos llegó de que acababan de apedrear unas mujeres en el muro de los lamentos por ser griegas ortodoxas. Fue una noticia muy dura de digerir para mí. Sólo el día anterior, me había compadecido y dolido en el Museo del Holocausto por tantos judíos tratados sin humanidad alguna y sin razón y despierto con la terrible noticia de que fueron capaces de hacerle esto a dos mujeres indefensas que fueron a rezar debido a que la nueva ley las facultaba para hacerlo.
Hoy fue el día más duro para mí, es difícil explicar que me fue más difícil que el Museo del Holocausto; tal vez porque no me esperaba salir triste o no esperaba ver lo que vi o porque lo que vi es presente y lo otro pasado; no lo sé. Hoy fui a un lugar al que he esperado ir desde el día uno, el Santo Sepulcro y la Vía Crucis. Hoy fue el peor día.
Desde el día uno me habían chocado algunas cosas, la principal de ellas que los lugares más importantes de Jesús tienen iglesias encima que a veces tapan lo que uno desea ver y, encima, estas iglesias son viejas y no se les ha dado el mantenimiento y la belleza que merecen. (Yo no soy partidaria de que se gaste muchísimo dinero en la decoración de las iglesias cuando hay gente muriendo en las calles del mundo pero esto contrastaba con las iglesias de santos y de María; lo cual honestamente no logro entender, con todo respeto a todo católico que también cree y ama a mi Señor). Otra cosa que me chocaba era como se trataba a la fé como un mercado: se vendía agua del Río Jordán, túnica para bautizarse, madera de Belén, todo "santo" y "de buena suerte", aprovechándose de miles de personas que después de haber hecho el sacrificio de venir hasta áca lo pagaban carísimo solo por ser "santo" u "original".
En el Santo Sepulcro y la Vía Crucis estos enojos e incomodidades tomaron su máxima potencia. La Iglesia de la Natividad y la del Santo Sepulcro literalmente se caían en pedazos. Los únicos arreglos que se han hecho en ambas se han dado cuando han estado a punto de caer. ¿Por qué? Porque para toda renovación tres grupos religiosos (no voy a decir cuales por respeto y discreción hacia aquellas religiones) tienen que ponerse de acuerdo y aparentemente el amor de Dios y de su lugar santo no es suficiente para poner a estos tres grupos de acuerdo en ningún caso. Es duro para mí eso. Los dos lugares más hermosos donde vemos el amor de Dios en su punto (al tocar el pesebre de piedra y pensar en las vertebritas del bebé Jesús reposando allí por falta de otro lugar y al ver el Sepulcro donde estuvo tres días por mí y al cual venció) no haya suficiente amor en los hombres que allí habitan.
La entrada a la fila del Sepulcro fue la peor experiencia de todas. Nos explicaron que, pese a que lo lógico y lo más rápido era entrar por un lado y salir por el otro, un grupo religioso (me reservo cual) lo había impedido ya que de esa manera a la entrada teníamos que pasar por una capilla donde nos daban una vela y había que dar propina a quienes nos la entregaban. ¡Que duro oír eso! Debido al bendito dinero, si había un incendio, las miles de personas que hoy estábamos amontonadas para ver el sepulcro hubieramos fallecido de inmediato, sin esperanzas de salvaciòn y los cientos de ancianos que en un extremo esfuerzo estaban acercándose tenían que aguantar colas de largas horas sin espacio de sentarse, por el bendito comercio religioso. ¡Cómo recordé hoy las palabras de Jesús y las sentí salir de mi misma alma!: "Mi casa es casa de oración y ustedes la han convertido en cueva de ladrones!" Lo peor es que eso no es todo. Después, cuando finalmente llegamos a la primera entrada (los sepulcros de la època eran una entrada para los deudos y otra la del cuerpo) había un sacerdote griego ortodoxo gritando "10 segundos. Apurense" y golpeando la tumba con una campana para apurarnos. Yo no lo podía creer. Como quería decirle que ese era lugar santo para miles de personas y que muestre algo de respeto pero como se le dice eso a un sacerdote que vive ahí!! Fue indignante. Lo peor es que eso no fue todo. Entre y goce unos 40 segundos de tranquilidad al ver el lugar, bendije al Señor agradeciéndole por haber estado ahí por mi, salí para evitar problemas. La cola había valido la pena pese a la (lo siento) imbecilidad humana en su punto. Luego el guía nos dijo que deberíamos estar agradecidos porque estos eran nuevos. Los mayores empujaban a las viejitas dentro y fuera del sepulcro para que se apuren. ¡Dios!. Eso no es lo peor.
Comenzamos a subir a las últimas estaciones del Vía Crucis (lo hicimos de atrás para adelante para evitar al máximo la cola del sepulcro que llega a ser de 5 horas y más) y al llegar a donde se dice que se pone la cruz de Cristo había otro sacerdote de la misma ramificación controlando el paso de las personas. Mi mamá, siguiendo la instrucción del guía avanzó y el ser humano (digo ser humano para no decir las 800 palabras que se me ocurren) la empujó para atrás porque el no quería que ella avance. Este hombre no tenía nada de respeto por nada ni por nadie, el amor de Cristo parecía habérsele olvidado hace ya muchos años. Pensé empujarlo también pero sabía que tenía las de perder y que no había policía adentro (lamento no decir que fue por cristianismo, no sería verdad. Si hubiera sido hombre se hubiera armado el relajo allá adentro porque no me hubiera controlado. Lo siento) Lo único que hice fue mirarlo con ojos de suma rabia y decirle "Behave!" Luego nos alejamos. Nos obligaron a salir rápido porque era la hora de oración de los armenios. Estos tres grupos religiosos tienen una hora específica de oración para cada uno y cada vez que entran a orar, todo el Vía Crucis se debe detener y mientras ellos, que viven en la zona y pueden ir a la hora que les provoque, el turista que viajó cientos y miles de kilometros buscando conocer mejor a su Dios y la historia de su libro sagrado (sea cual fuere) se fregó y tiene que esperar independientemente de su edad o estado de salud. Bueno, todo esto ha sido lo peor, lo que viene solo suma a mi indignación.
Seguimos por el Vìa Crucis donde me impresionó lo largo del camino que nuestro Señor recorrió cargando la cruz por nosotros (es muy largo hasta para los que caminábamos ligeros). Este era bajando de un monte y subiendo otro lo cual me impresionó mucho. Trataba de concentrarme en imaginarme los pasos que dio y su gran sacrificio pero me era muy díficil por la cantidad de mercaderes en todo el camino que hacían bulla y vendían cosas "santas". Era impresionante. Eran bahías hechas alrededor del Vía Crucis. Fue horrible. En pocos momentos realmente me pude conectar con lo que estaba visitando. Veía caminar por todos lados a gente de todas las religiones porque para todos ellos Jerusalem es santa; esperaba que eso sea algo agradable porque todos compartimos las mismas bases morales pero no fue así para nada. Era todo una lucha de poderes. Una religión gritaba con megáfonos por un lado, mientras sonaba la campana de la otra y la gente se empujaba una con otras. Nada de paz, nada de amor, nada de nada en los lugares que yo consideraba santos. Hoy me pregunto que tan santo puede ser algo donde el amor parece haber muerto y no hay nade de paz y sangre se ha regado por su custodia. En la fila del sepulcro literalmente sentía como que el amor había muerto en el mundo y no iba a resucitar. Fue una experiencia horrible.
Luego, nos dirigimos hacia el Cenáculo y nos contaron como el musulmán había destruído lo del judío, el católico lo del musulmán y un largo etcétera; como las personas daban vueltas inmensas para ni pisar lo de otras religiones. Me parecía impensable. El cenáculo también se caía en pedazos, sólo tenía un cuadro pintado, imagino que también por desacuerdos.
Esto es todo lo que puedo comentar, se que es largo, pero así mismo es mi decepción con el ser humano el día de hoy. ¡Como podemos prostituir algo tan bello y convertirlo en un mercado lleno de odio y división! Me parece impresionante. Oro al Señor porque restaure mi corazón y se que ya lo está haciendo porque vivir para servir al Señor y a aquellos seres humanos más difíciles de amar no va a ser tan fiel. Yo no me considero fácil, por si acaso, para nada, pero realmente me duele el corazón por todo lo que he visto. Jesús no pudo haber hecho nada más de lo que hizo por traernos cerca de Èl pero seguimos corrompiendo toda la belleza que Èl nos entrega. Eso es todo. ¡Que hermoso el amor de Dios por criaturas tan difíciles como somos todos nosotros, que paciencia que tiene con todos nosotros y cómo nos cuesta seguirlo y concentrarnos en Él! Le pido a Dios que el haber visto su sepulcro y su via Crucis me ayude a concentrarme en Èl en oración siempre, como Él se merece, en vez de distraerme con el día a día, como me es tan fácil. En fin...Contrastes del amor de Dios y todo lo demás.
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